La Hacienda Coimbra era el punto de partida, y la ambición de Don Nicolás Da Buyn marcaba el ritmo. El objetivo era Santa Rosa, a la orilla del Lago. La cuadrilla de arrieros y esclavos dejó atrás los cafetales, no solo cargados con las provisiones, sino con la urgencia de abrir una arteria comercial.
Su primer guía fue la geografía misma: emprendieron la marcha siguiendo el margen izquierdo del río Mocotíes. El río, turbulento y fiel, los condujo hacia el norte, sirviendo de brújula natural a través de los valles.
La marcha duró dos días por la ribera del Mocotíes hasta que llegaron al punto crucial: la desembocadura del Mocotíes en el imponente río Chama. Cruzar el Chama era imposible sin infraestructura. Detenerse y buscar un vado seguro hubiera significado días de retraso.
Allí, a la orilla del caudaloso Chama, se reveló la verdadera destreza de los hombres. Bajo el mando del capataz (un arriero principal o un esclavo de confianza), la cuadrilla se transformó en un equipo de ingenieros rústicos.
La tarea era titánica:
- Tala y Arrastre: Los hombres más fuertes talaron los árboles cercanos más grandes y rectos.
- La Estructura: Con sogas y la fuerza bruta, arrastraron los troncos. El objetivo era tender una rudimentaria pero funcional pasarela de troncos de árboles sobre el punto más estrecho o menos profundo del Chama, donde las aguas convergían con el Mocotíes.
- El Cruce: Tras horas de esfuerzo coordinado, el puente improvisado—un testimonio del ingenio forzado por la necesidad—estuvo listo. La recua fue pasada con cautela, asegurando la continuidad de la expedición.
Una vez al otro lado, la ruta cambió su curso: ahora caminarían bordeando el margen derecho del río Chama, utilizando el nuevo afluente como guía hacia las tierras bajas del Lago. Este tramo los acercaba inexorablemente a la llanura lacustre.
Los siguientes dos días fueron de una lucha frontal contra la selva virgen que se densificaba a medida que descendían en altitud. El sudor se mezclaba con la tierra, y cada machetazo abría una pulgada de camino. La travesía, sumando el tiempo de marcha y la construcción del puente, no sobrepasó los cuatro días, una gesta de resistencia y voluntad.

La proximidad a las ciénagas y la densa vegetación del sur del Lago hacían que la noche fuera más oscura y temible. Fue en estos campamentos, cerca del murmullo continuo del Chama, donde los arrieros y esclavos se encontraron con los espantos que les robaban la paz:
- El Jopiador (el silbador) y El Hachero (el leñador espectral) se manifestaban como sonidos que desorientaban y advertían a los intrusos.
- El Arrastrador (el penitente de la cadena) recordaba a todos el castigo y la pesadez de la vida.
A estos espectros se sumaba la preocupación por el ganado. Cuando la luna llena se elevaba en el cielo claro, bañando el campamento con una luz tenue pero reveladora, los arrieros susurraban sobre las brujas. Se decía que ellas, con malicia nocturna, amarraban las patas de las mulas. Estos nudos, invisibles o simbólicos, drenaban el vigor de las bestias, dejando a la recua agotada para la jornada siguiente, un peligro tan real como el fango, pues la supervivencia dependía de la fortaleza de los animales de carga.
Finalmente, al cuarto día, el río Chama hizo su entrega a las grandes aguas. La selva dio paso a la vista expansiva del Lago de Maracaibo. Habían llegado a Santa Rosa, el pequeño puerto que se convertiría en el nudo de comunicación vital.
El camino estaba abierto. El sudor del trabajo, las historias de brujas y espantos, y el esfuerzo de aquel puente de troncos sobre el Chama, quedaron como el legado inmaterial de la ruta que conectó el café andino con el mundo a través del Lago.
Compilación y redacción RGM/La Piragua
Nota del autor:
Queremos compartir con ustedes que las investigaciones aquí presentadas no son producto del azar; para su creación, nos hemos sumergido en la lectura de libros y valiosas notas escritas por los cronistas de nuestro municipio Colón (el antiguo Distrito Colón), quienes dedicaron su vida a registrar nuestro pasado. Entendemos que la historia es un proceso vivo y que pueden existir perspectivas distintas a las planteadas en estas líneas. Por ello, si te encuentras en una posición antagónica a lo aquí escrito, te invitamos cordialmente a presentar tus propios artículos y refutaciones. Creemos firmemente que el contraste de ideas es lo que realmente enriquece nuestra memoria colectiva. Muchas gracias.
Autores de libros consultados
Cronistas:
Alberto Guerere, Bernardo Villasmil y Manolo Silva Machado.
![]()




