María Concepción Canquiz, oriunda de la población de Santa Cruz de Zulia, madre de siete hijos, todos bien criados. Llegó a la población de Santa Bárbara de Zulia procedente de su población nativa e hizo su vida aquí a partir de entonces.
Con el trajinar de su vida, y para dar sustento a su familia, se dedicó a la cría de marranos y gallinas en la granja improvisada en el patio de su casa en plena avenida aurora, vecina de Miguelito el barbero que iba a las casas a realizar cortes de cabello a domicilio y la familia Ocando. Pasaron los años y sus hijas e hijos fueron haciendo su vida propia y finalmente se quedó criando a dos de sus nietos, una hembra y un varón a quienes sus amigos le decían cariñosamente “El Machorro”.
El tiempo transcurrió y el apoyo de sus hijos e hijas lograron que, María se mudara a la capital del distrito Colón de la época, la villa de San Carlos de Zulia, su domicilio paso a ser una casa con un patio trasero inmenso que colindaba con el Huasipungo Social Club, lugar donde solía reunirse lo más granado de la ciudad y que se reservaba “el derecho de admisión”, es decir, allí entraba al que le diera la gana al portero de turno y al accionista (socio) del club que te miraba de arriba hacia abajo para aprobar o negar con la cabeza tu pase. La casa quedaba en los alrededores de la plaza, en plena avenida Bolívar, justo al frente del brazo izquierdo de la estatua pedestre de nuestro Libertador.
Todo el mundo que vivió o se crió en los alrededores de la plaza Bolívar, recuerda la casa de María Concepción, “Mamá Chichona” como le decían sus nietos y allegados. Nadie se perdía una fiesta en el Huasipungo, o entraba y bailaba en la pista o a las y los adolescentes a los cuales sus padres no otorgaban el permiso para asistir a la fiesta se asomaban por la zona para las Very Important People (VIP), en el patio de Mamá Chichona, el cual constaba de una especie de andamio hecho de bloques con una tabla horizontal que se apoyaba en los mismos y que servía para observar hacia la pista del club donde se subían los invitados para observar por el bahareque, la fiesta de Carnaval, Ferias, fiestas privadas o fiestas decembrinas.
Los de la época, recuerdan que observaron desde primera fila a los conjuntos, orquestas de moda y vocalistas; Los Caricuena, Los Melódicos, La Billo´s Caracas Boys, Supercombo Los Tropicales, Los Master´s, Nelson Henriquez, Willy Quintero y Los Mustang´s de Justo Mora, Mirla Castellanos, entre otros.
Allí, justamente en la pared que hacía frontera con la casa del gocho Parada, médico veterinario muy conocido en el pueblo y por los grandes hacendados de la época, los muchachos y adultos hacían turnos para asomarse un rato y disfrutar las presentaciones de estos prestigiosos grupos musicales y vocalistas.
Así pues, el tiempo en la casa de Mamá Chichona transcurrió y su cría de gallinas floreció con las que hacía sus suculentos sancochos de tan preciada ave y aprovechaba también sus huevos de los cuales algunos regalaba a su familia y otros los sancochaba o freía, además algunos huevos los dejaba empollar por sus gallus domesticus para obtener polluelos que serían los representantes de la próxima generación.
Y hablando de generación, en la aldea zuliera de San Carlos de Zulia, crecía la generación de finales de los años cuarenta (1940) y comienzo de los cincuenta (1950), a esta generación pertenecían algunos mozuelos de los alrededores de la plaza Bolívar, todos de familias de clase media y de bajos recursos. En ellos no existían distingos ni clases sociales, en ellos existía la camaradería, así como principios y valores obtenidos en el seno de sus respectivos hogares. Esa generación se convirtió en un grupo inseparable, creció y en su adolescencia y adultez crearon las famosas novenas, nueve fiestas, todas se realizaban en el mes de diciembre, antes de la llegada de la navidad. De esas parrandas, al finalizar la fiesta de la noche, el estómago golpeaba en vacío y, a alguien se le ocurrió hacer un sancocho de gallina a eso de las tres o cuatro de la madrugada. Y todos pensaron en “tomar prestada” una gallina del patio de mamá Chichona. Entraban por la propia pista del Club Huasipungo, o por la casa del gocho Parada o por una casa propiedad de la fábrica Indulac, habitada luego por la familia Decán-Cano, saltando los bahareques o paredes que hacían fronteras entre las casas. Esa costumbre se incrementó y en cada diciembre, el gallinero de Mamá Chichona colaboraba con los adolescentes de ese tiempo a saciar el hambre de esos estómagos calientes por el consumo de cerveza y ron producto de las fiestas decembrinas.
Entre los zagaletones de la época estaban El Gaviota, El Caballo Blanco, El Gago, El Churico, El Guayacán, El Tachuela, El Chueco Ariza, El Puchimbo, El Piolín, El Necho, entre otros. Dentro de este grupo estaban dos nietos de María Concepción. A la fecha, la mayoría profesionales, algunos están vivos.
De esta forma, el gallinero de mamá Chichona fue mermando, hasta que desapareció pues su “rebaño” de aves era atacada por un «gato negro» que ella siempre avistaba cruzando por su patio hacia las casas vecinas, y que según ella era ese felino el que se comía sus gallinas.
Ese gallinero, alimentó dos generaciones de adolescentes de los alrededores de la plaza Bolívar de San Carlos de Zulia y no al gato negro.
RGM
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