jueves, junio 4, 2026
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EL CATIRE PAZ Y EL CAIMAN

Eduardo Contreras era un hombre muy culto, elegante y educado. Venía de una familia acaudalada de esta tierra. Tan es así que, en todos los eventos que se realizaban en la Plaza Bolívar de San Carlos, las autoridades competentes lo nombraban orador de orden para emitir su discurso al respecto de la fecha patria que se realizaría en la plaza antes mencionada. El hombre, no tenía algún grado de magister ni título de doctor como ahora abundan en nuestro país algunos egresados de universidades de bajo prestigio que colocan su grado por delante de su título de pregrado y, además de eso al hablar, su verbo es soez y chabacano.

Sus discursos estaban llenos de una prosa elegante y con una lingüística fuera de serie. Mejor dicho, sus intervenciones eran una obra literaria hecha palabra. En consecuencia, Contreras, al transcurrir de los años, y como sus discursos conmovían a los políticos de turno, algunos de ellos con algunas prerrogativas con las autoridades de la región, fue nombrado por intermedio de alguno de estos, prefecto de la Villa de San Carlos de Zulia.

Por otro lado, estaba Ramiro Paz, al cual todo el pueblo lo conocía como el catire Paz. Personaje típico, educado, buen zuliano, le encantaba el trago y reunirse con amigos. Procedía de la ciudad de Maracaibo, ex trabajador de la empresa farmacéutica de los Belloso Rosell en la cual aprendió la química de la farmacia. Era importador de productos de los Estados Unidos de América con los cuales hacía brebajes, medicamentos para las lombrices, Glostora el cual era un aceite que se untaba en la cabellera de los hombres, la hacía brillar y tenía una agradable aroma que enloquecía a las damas.

La esposa de Paz era una acaudalada dama de la ciudad, de nombre María Leopoldina Inciarte, hemana de Francisco Inciarte, Vicente Inciarte y Amador Villamediana, no tuvo hijos, era una ilustre matrona, a quien le llevaban los muchachos de la época que estaban descarrilados y con mala conducta para que ella los enderezara, y lo hacía, logrando que se convirtieran en personas que se pudieran insertar a la labor en favor del desarrollo de la región.

Una de las muchas anécdotas de Paz, que era un zuliano típico por sus ocurrencias con el verbo, se refiere a que su esposa quien lo amaba sobremanera, le increpó una vez por sus constantes borracheras y le manifestó: “Ramiro, no bebas tanto, que la bebida en mala pa´ el hígado”. Paz, nada le contestó, pero un día María L., le sirvió en la hora del almuerzo un suculento hígado encebollado y él, observando que era hígado, le dijo: “¡Yo no como esa vaina!… Inmediatamente María L., le preguntó: ¿Por qué mijo? Y él le respondió de una manera tajante y justificada: ¡Si el ron el malo pa´ el hígado, el hígado es malo pa´l ron!.

Ahora bien, un día en la gestión de Contreras como prefecto de la Villa de San Carlos, recibió una visita de algunas autoridades procedentes de El Vigía. Era un día de agosto, muy caluroso, y Contreras se dirigió con la comitiva acompañado de algunos gendarmes de la época hacia el Bar La Marsella, propiedad de la familia Arrieta, el cual estaba ubicado en la bajada del puente viejo, en Santa Bárbara. Allí, se sentaron y pidieron unas cervezas para mitigar el calor. Al prefecto lo conocían en el pueblo con el epíteto de El Caimán. Al rato de estar las autoridades “refrescándose”, llegó Paz y se acercó a saludar al prefecto. En señal de cariño, puesto que se conocían, le sobó el sombrero que llevaba puesto en su cabeza y le dijo: ¿Cómo está el Caimancito?… Inmediatamente Contreras ordenó a los policías que lo acompañaban a que se llevaran detenido a Paz por “irrespeto a la autoridad”.

A Paz lo llevaron a la estación de policía y, allí permaneció privado de libertad. Llegó a oídos de María L. que su esposo estaba detenido y le echaron el cuento con frases de más como ocurre casi siempre con los mensajes de terceras personas. María L. con los nervios de punta y triste por lo que estaba pasando su esposo, se puso en contacto con Rafael Benito Troconis, quien era su compadre y que gozaba de mucho respeto en el pueblo por ser una persona muy correcta, y además conocía de trato a Contreras.

Troconis se dirigió a la prefectura y pidió hablar con el prefecto. Contreras inmediatamente lo hizo pasar a su despacho y pensó: ¿Qué problema tendrá mi compadre que lo hizo venir hasta acá?, él no es persona de venir a estos sitios por tonterías… Le preguntó: ¿Qué lo trae por aquí mi compadre?, a lo que le respondió: “Compadre que usted mandó a meter preso al esposo de mi comadre María L… y le agradezco lo suelte, usted sabe cómo es él, es un bromista empedernido. Esa mujer está desesperada, le agradezco que lo suelte”. Luego de un rato de conversaciones y justificaciones, el prefecto accedió a concederle la libertad a Paz.

A los días de haber obtenido su libertad, Paz abordó la piragua y se dirigió a Maracaibo con el pretexto de visitar a su familia consanguínea. Luego de dos días de ausencia, Paz regresó a la Villa de San Carlos con dos fonógrafos en su equipaje.

En su casa, al frente de la Plaza Bolívar y adyacente a la prefectura, colocó los dos fonógrafos y como un veterano Disk Jockey (DJ), en cada uno tenía un disco repetido de setenta y ocho revoluciones por minuto (78 rpm), le daba cuerda al fonógrafo y sonaba la melodía, al finalizar ésta, inmediatamente sonaba la misma melodía desde el otro fonógrafo. La melodía que se escuchaba a todo volumen y con el parlante dirigido hacia la prefectura, decía: “Se va el caimán, se va el caimán… Se va el caimán, se va el caimán”, Y así  trascurrían los días y el caimán, en uno de esos días, fue destituido de su cargo y al frente de la plaza Bolívar dejó de sonar la melodía que hacía referencia al aligatórido.

Parece ser que Paz tenía muchos conocidos y familiares en la capital del estado que estaban “enchufados” y, logró a través de ellos que sacaran de la prefectura al individuo que le “manchó” su hoja de vida.

Moraleja: No solamente en estos días existen “enchufados”, antes también los había, lo que se observa actualmente es que ahora hay más.

RGM

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