En un pequeño pueblo llamado San Carlos, donde las llanuras se abrazan con el cielo y los ríos murmuran secretos antiguos, había un lugar especial: el Centro Cívico. Este espacio, lleno de vida durante el día, se transformaba en un escenario mágico cada vez que la luna llena iluminaba la noche. Los habitantes del pueblo hablaban en susurros sobre una entidad misteriosa que aparecía en esas noches, una figura etérea que danzaba entre las sombras y la luz plateada.
La leyenda contaba que la entidad era el espíritu de una anciana sabia que había vivido en San Carlos hace muchos años. Se decía que ella había dedicado su vida a ayudar a los demás, compartiendo su conocimiento sobre las plantas, las estrellas y los secretos de la naturaleza. Cuando falleció, su alma se quedó en el pueblo, y cada luna llena, regresaba para guiar a aquellos que buscaban respuestas.
Una noche de luna llena, un joven llamado Pedro, curioso y aventurero, decidió que era el momento de descubrir la verdad detrás de la leyenda. Con su linterna en mano y el corazón palpitante de emoción, se dirigió al Centro Cívico. La luna brillaba intensamente, y el aire estaba impregnado de un aroma a flores nocturnas. Pedro se sentó en un banco, observando cómo la luz de la luna danzaba sobre el suelo, creando patrones que parecían cobrar vida.

Mientras esperaba, comenzó a escuchar un suave murmullo, como si el viento le contara historias antiguas. De repente, una figura apareció entre los árboles. Era una mujer de cabello plateado y ojos que brillaban como estrellas. Pedro sintió un escalofrío recorrer su espalda, pero no tenía miedo. La anciana sonrió y se acercó a él.
«Hola, joven buscador», dijo con una voz suave como el susurro del viento. «He estado esperando a alguien con un corazón puro y una mente curiosa. ¿Qué es lo que deseas saber?»
Pedro, sorprendido pero emocionado, le preguntó sobre el futuro de su pueblo y cómo podía ayudar a su comunidad. La anciana lo miró con ternura y le habló sobre la importancia de cuidar la naturaleza, de escuchar a los ancianos y de aprender de las experiencias de los demás.
-El futuro no se ve muy bien en esta zona del centro de la ciudad. -Murmuró la anciana
Pedro, conmovido por aquella manifestación preguntó:
-¿Cómo es eso señora?, la anciana continuó:
– He observado que la plaza Bolívar de San Carlos esta muy oscura y a las autoridades les resbala la situación de oscuridad que ella manifiesta, la oscurridad se presta para que seres malignos pululen en esos espacios
Pedro replicó:
– Es cierto señora, la Plaza Bolívar y el Centro Cívico no tienen dolientes. Están en completa oscuridad, decidía, anarquía y abandono
-Si claro. A ver, los presupuestos y los situados que llegan a la alcaldía del municipio Colón tienen partidas para el mantenimiento de plazas, rayado de las calles y avenidas, entre otros y con lo observado se invierte en cosas superfluas, para vanidades que en nada benefician a la comunidad. Esperemos que se aboquen y «articulen» para el alumbrado de calles, avenidas, plazas y centros gubernamentales -manifestó la anciana
-Gracias señora, -comentó Pedro- espero que pronto nos reunamos de nuevo para observar como están las edificaciones, que se comentaron anteriormente
– Ok. Si no hacen algo al respecto yo hablaré personalmente con los responsables y les recordaré que existe el voto castigo, si piensan elegirse de nuevo.
Redacción para la Piragua: El Duque de San Carlos
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