Los viejos conquistadores de las tierras llanas del Sur del lago de Maracaibo, en sus andares por trochas desde la granja Coimbra, ahora conocida como la población de Santa Cruz de Mora, estado Mèrida, y a este respecto, en el año 1782, a las órdenes del propietario de la Facienda Coimbra, Don Nicolas Da Buyn, descendiente de portugueses y radicado en la cordillera andina, nunca desmayó en su búsqueda para encontrar nuevos caminos que condujeran a los arrieros hacia el sur del lago de Maracaibo. Aunado a la situación, de sus intentos por enviar a recorrer la zona desde su Granja, hasta la orilla de un nuevo rio, que los llevara hacia el lago de Maracaibo por un camino más corto, que el que utilizaban, y que le permitiera arrimar su cosecha de café, cacao y otros productos que le brindaban las tierras donde tenía sus sembradíos, y de esta manera hacerla llegar al puerto de Maracaibo, desde donde la trasladarían a los paladares del mundo, en la cual el café se presentaba como una nueva y aromática infusión, muy apreciada local e internacionalmente.

Fuente: Archivo personal Sr. Luis Alberto Paparoni Bottaro. En la fotografía se observa el transporte en mulas y caballar en los caminos de recuas.
En ese sentido, Pauselino Ramírez, arriero, trabajador de la Facienda Coimbra, experto en el trajinar por angostos y empinados caminos en el traslado de la carga hacia el lago de Maracaibo. Pauselino, en sus chácharas con sus compañeros arrieros y la presencia de superticiones de los esclavos, algunos arrieros murmuraban entre ellos sobre la presencia de brujas o cosas extrañas, presentes en el desamparo de los caminos, desencadenaron una serie de adversidades para el traslado del café, en el cual él no quería participar.
Luego de esas adversidades, la hacienda Coimbra sufrió una serie de deserciones por parte de arieros y esclavos, para no encontrarse al hachero, y a las brujas que se escuchaban en las oscuras noches merodeando por esos caminos tumultuosos.

Camino de recuas
A todo esto, cuenta la leyenda que el “Hachero”, derribaba un árbol con su hacha afilada y el “Arrastrador” la colocaba en la recua, y cuando los caballos sentían que los amarraban al tronco del árbol en sus ancas, salían despavoridos y arrastraban todo a su paso con el tronco amarrado a sus culatas.
Un día del año 1785, Pausolino Ramírez se alistó para llevar las cargas con otros arrieros y esclavos hacia la zona de acopio, puesto que necesitaba la paga para solventar sus necesidades, y sin importarle lo peligroso de los caminos finalmente se enroló.
Ese día, tomando el camino de la margen derecha del río Chama con la carga sobre los animales de la recua, acamparon cerca de la afluencia del rio Mocotíes con el Chama y en compañía de Camilo un indio Bubuquí, decidieron sentarse alrededor de una fogata e intercambiaron sus opiniones acerca de las brujas y los espantos que por esos caminos molestaban a arrieros y esclavos.
Al rato de estar sentados, Pausolino se levantó y se adentró en la oscuridad del bosque, para hacer una necesidad del cuerpo. No pasó mucho tiempo cuando se escuchó un grandísimo estruendo, cayó un gran árbol al suelo, y los caballos salieron disparados del improvisado corral, llevándose todo a su paso.
Al día siguiente, el amigo de Pausolino, Camilo, procedió a buscarlo y a unos doscientos metros del lugar donde acamparon, encontró el cuerpo sin vida de Pausolino, sin una gota de sangre en sus venas.
Desde entonces, luego de la muerte de Pausolino, la hacienda Coimbra sufrió una gran desbandada de arrieros e inclusive de esclavos, que huyeron hacia las zonas mas altas de la cordillera de Los Andes.
Después de estas deserciones, don Nicolás Da Buyn llamó a su cuñado Fray Pedro de Oña para que le diera consejos al respecto sobre como afrontar a esos maléficos seres que le causaban muchos problemas para llegar a tiempo con su carga al lago de Maracaibo.
A esa fecha, Fray Pedro Oña, aceptó la petición, pues como conocedor de la proyección Mercator, la cual es un tipo de proyección cartográfica ideada por Gerardus Mercator en 1569 para elaborar mapas de la superficie terrestre, y decide comenzar a explorar los caminos hasta el lago de Maracaibo, obtiene prestada una brújula de su cuñado, la que le serviría para marcar los rumbos, y de manera que pudiera trazar caminos mas cortos, con menos tropiezos, hasta llegar al lago de Maracaibo y abandonar la ruta anteriormente descrita.
Continuará…
Redacción La Piragua
Autor: Ramiro García M.
Bibliografía consultada: Villasmil, B. (1993). Memorias de Santa Bárbara. Universidad del Zulia. Dirección de Cultura. Maracaibo, Venezuela
![]()




