Por Domingo Labarca Prieto
Noviembre de 1999. Tomado del libro Crónicas y cuentos Zulieros.
A Bernardo Villasmil. In Memoriam
Siempre he pensado que los hijos deberían enterrar a sus padres. El dolor de un padre por la muerte de un hijo, he considerado, es más terrible que la situación contraria. Es cuestión biológica: perpetuación de la especie; y por ende, psicológica.
No estamos preparados tampoco para ver desaparecer lo que podríamos denominar nuestro habitat existencial. Me explico: muchos pueblos pierden su identidad cuando se modifica su habitat: dejan de ser.
Montesquieu se ha referido, aunque de un modo exagerado, al acondicionamiento del hombre por el mundo que lo rodea. Yo nací frente al Escalante. Ese río es parte de mi vida. Es como una especie de aorta de mi realidad psicológica. Jamás me imaginé su muerte durante mi permanencia en la tierra. No pensé que un río naciera para morir.
En la década del setenta empecé a observar los sufrimientos de mi río.
Primero, el proceso de sedimentación. Escribimos y acudimos a una serie de instancias planteando, tanto la situación del Escalante como la del Catatumbo. Publicamos en la Revista Resumen un artículo sobre dicho tópico. En otros medios, como el desaparecido Diario Crítica, publicamos, del mismo modo, un análisis sobre la situación de los aludidos ríos. En esa oportunidad, emprendimos paralelamente una lucha para salvar las piraguas. Proponíamos soluciones a tal efecto y las planteamos a los para entonces gobernadores Ornar Baralt y Gilberto Urdaneta-Besson, respectivamente.
En documento que el 12 de mayo de 1979
presentamos al ciudadano Gilberto Urdaneta-B., le expresamos:
«…Solución integral del problema del transporte fluvial, como el mejoramiento de las condiciones de navegabilidad de los ríos, reacondicionamiento de los puertos de Santa Bárbara, Encontrados, Concha y Santa Rosa. Establecimiento de un plan de créditos para la adquisición y reparación de embarcaciones. Utilización de las instalaciones del puerto pesquero en Puerto Concha, dentro de un conjunto de medidas tendientes a beneficiar a los pescadores de la región» (Numeral 22). En el mismo Documento, en su numeral 26 se contempla: «Creación, en la ciudad de Maracaibo, de un atracadero de piraguas que sirva simultáneamente de mercado, a objeto que las mismas, que constituyen un importante medio de comunicación lacustre-fluvial, se salven de su actual tendencia a desaparecer.
«… Estos planteamientos, concluíamos, me complace hacérselos en nombre de los pobladores del Distrito Colón». Similares planteamientos hicimos verbalmente al ciudadano Ornar Baralt.
¡No recibimos la respuesta necesaria y salvadora!.
Hoy, han desaparecido las piraguas y el río Escalante es un riachuelo con la tendencia a correr con la misma suerte.
¿Desaparecerán el Catatumbo y el Escalante?
Ciertos historiadores relacionan el progreso de grandes civilizaciones con la presencia de algunos ríos. Se ha tratado, en efecto, de establecer una relación directa entre el progreso de esas civilizaciones, con los ríos que le atravesaban o circundaban. Se ha indicado, igualmente, que los pueblos salvajes eran atraídos a las márgenes de los ríos en los cuales encontraban el preciado líquido de la vida, la pesca y animales para la caza.
Las regiones regadas por los ríos suelen
ser fecundas. Se ha ligado el progreso del -antiguo Egipto a la generosidad del
Nilo, que en sus periódicas crecidas trajo a sus habitantes la seguridad de una
vida mejor. Los egipcios crearon técnicas de regadíos para beneficiarse de las
aguas del hasta no hace mucho, río del misterioso nacimiento. Mientras otros
pueblos circunvecinos padecían hambre, el Nilo ofrecía sus pródigos pechos en
forma
de canales artificiales, que conducían a los cultivos de la tierra sedienta cargada de sol. En el Tigris y el Éufrates se desarrolló una extraordinaria civilización.
El Rhin y el Danubio, por su parte, son señalados como factores fundamentales en el progreso de los pueblos que se establecieron en sus riberas. Hoy los europeos siguen aprovechándolos, obteniendo de ellos nuevos beneficios como son los turísticos.
Lo anterior lo traemos a colación para preguntarnos: ¿Qué está ocurriendo en nuestro país? ¿Por qué no tenemos conciencia de nuestras riquezas y de su significado?
Nuestra indolencia resulta evidente en el caso de los ríos del Sur del Lago. Estos ríos son numerosos, de una gran belleza y suministran el agua dulce que alimenta a el lago zuliano. Son ríos que invitan a la imaginación: Río de Oro, Río Negro, Río Bravo, Río Zulia, Río Chama, Río Tarra, Río Escalante, Río Catatumbo, etc. Este último, el del maravilloso y misterioso relámpago que como un manto de luz natural cobija las noches del cielo zuliano y saluda generosamente las vecinas distancias, invitando al ocio provechoso y contemplativo, vieja fuente de inspiración para el juego y la composición poética.
El Lago de Maracaibo, no sería tal, sin esos ríos que sin pausa y sin cansancio cargan de agua el abdomen de la inmensa lira lacustre. Por otra parte, esos ríos fueron las venas por donde corrió la sangre alimentaria con corpúsculos de plátanos, ganado, queso, cacao, azúcar, naranjas, etc., que brotaban y siguen brotando, sin egoísmo, de la rica tierra surlaguense.
Los ríos, como sabemos, constituyen el
medio más económico de comunicación por las siguientes razones: a) No
requieren prácticamente de mantenimiento, son carreteras abiertas por la
naturaleza en las entrañas de la tierra y que por lo tanto, no han exigido
inversión humana; b) el transporte acuático ha sido siempre más económico en
razón de sus menores costos; c) para un país subdesarrollado como el nuestro,
el aprovechamiento de este medio de transporte supondría ahorramos los millones
de bolívares que debemos ahorrarnos gastar en el exterior en la adquisición de
transporte de tierra,
cuya vida útil es cada día menor y cuyos precios son igualmente cada día mayores. Por otro lado, nos ahorraríamos un recurso natural no renovable que se despilfarra en las negras carreteras.
Más aún se justifica este transporte, cuando el país está en capacidad de producir las naves que podrían cumplir esta tarea. Tenemos que consignar que países de alto desarrollo como Japón y Alemania, por ejemplo, siguen aprovechando las vías acuáticas de transporte, de modo eficiente. Finalmente, debemos agregar, que el mantenimiento de este tipo de transporte crearía fuentes de trabajo en los astilleros, no solamente en el proceso de elaboración de las embarcaciones, sino también durante su mantenimiento, siendo de igual modo, fuente importante de trabajo, por la demanda de marinos que dicho transporte genera.
Estas reflexiones tan elementales, que no requieren estudios profundos, son olvidadas por nuestra general pereza, el fácil “nuevoriquismo” y la lamentable indolencia.
Hoy nuestros ríos del Sur del Lago están en crisis. No tienen el más mínimo mantenimiento; la deforestación los está afectando gravemente. Constituye un verdadero riesgo transitar por ellos, por cuanto los troncos incrustados en algunas partes de sus lechos, son como lanzas escondidas que destruyen las embarcaciones. En no pocas oportunidades algunas familias han parecido como consecuencia de la situación anotada. La tala y la quema amenazan la vida de nuestros ríos. Se ha señalado que el relámpago de Catatumbo ha perdido su original intensidad. Algún día, hablar de su existencia, será quizá un triste relato para las generaciones futuras que no entenderán este crimen ecológico, que les impedirá el bello disfrute que hoy aprehenden nuestros ojos.
El caso más grave e inmediato de la
crisis se observa con el proceso de sedimentación que tiene lugar en la
desembocadura de los ríos Escalante y Catatumbo. Esta situación los condena a
perder su original condición de ríos navegables y los aísla de todos los
costados del Lago. Ello afecta también al Lago y a los pobladores de sus
desembocaduras: los denominados Pueblos de Agua. Estos últimos, habitados por
numerosos pescadores
que viven y trabajan con sus familias en las formas más precarias, sin los servicios más elementales: ausencia de servicios médicos asistenciales, carencia de maestros y escuelas, etcétera. Esos hombres que trabajan duro sacan anualmente toneladas de pescado que alimentan de manera especial a la Región Andina. Ellos cargan sus chalanas de pescado y sacan igualmente otros productos derivados de la agricultura de la zona costanera y de los otros ríos que desembocan en el Lago. Hoy, la sedimentación los está impulsando a abandonar una vida de por sí dura y pesada que exige mucho vigor y dedicación.
¡He aquí un crimen que debemos registrar públicamente para la historia. Hemos hecho mil gestiones sin éxito ante los organismos competentes… pero, aquí todo el mundo ha estado durante cuarenta años de fiesta y hemos vivido embriagados por la borrachera de dinero fácil proveniente del petróleo. Por tanto, no ha habido tiempo para estos pescadores y agricultores. No ha habido tiempo para los bellos ríos de la historia zuliana ¿Morirán entonces los ríos del Sur del Lago?.











Este artículo de Domingo para mí fué profético. Es lamentable haber Sido testigo de la indiferencia de los gobiernos y del mismo pueblo para detener la muerte del Escalante… así como varias de nuestras instituciones culturales que hicieron historia en el municipio Colón entre otras el Ateneo Jesús María Semprún.
Asi es, Lilita, un abrazo y saludos
Felicitaciones por tratar de rescatar el valor de los Ríos como vía de navegación y de sus piraguas como medio de transporte
Gracias por su apoyo, Ingeniero. Saludos.
Era la vista más hermosa que tenía San Carlos y Santa Bárbara.Su imponente río ahora es una selva..
Su comentario es muy acertado. Saludos señor Santos.