Las intersecciones de la avenida 3 (Sucre) con calle 3 (Páez), se han convertido en una «guillotina» para los conductores de automoviles, camiones y mocicletas.
En el día de ayer, ocurrió lo de siempre, un accidente entre un automóvil y una motocicleta donde los ocupantes de la segunda resultaron lesionados debido a la colisión entre los dos móviles. Allí se observó una acumulación de personas que después del accidente se acercarón a observar la colisión ocurrida minutos antes.
Es de hacer notar que a ese sector se le ha denominado, por las muertes y lesionados que allí han sido protagonistas, la «guillotina de San carlos». Motivo por el cual la redacción de este medio digital, procedió a la investigación periodística de la problemática que ocurre en la referida intersección.
En primer lugar, las causas de los multiles accidentes ocurridos en esa zona se debe a las altas velocidades no permitidas en el casco de la ciudad, motivo por el cual se presentan dichos accidentes.

En segundo lugar, el poco conocimiento de las leyes, reglamentos y normas expresados en las acciones a que se someten los ciudadanos, establecida por una autoridad superior para regular, de acuerdo con la justicia, algún aspecto de las relaciones sociales sobre el transito terrestre de nuestro país, lo que trae como consecuencia, por su desconocimiento, el abuso por parte de los conductores en la referida intersección, lo que hace que el abuso, la persona que lo ejerce, sea considerado un ser antisocial.

Y, en tercer lugar, la inexistencia de la señalización correspondiente sobre la velocidad permitida dentro de la ciudad, la cual esta establecida en las normas (ver Ley de Tránsito y Transporte Terrestre), por ejemplo, en zonas donde haya colegios y hospitales es de 15 Km/h. En ese sentido, Allí en la zona de los accidentes existen varios colegios, y además, un módulo policial inaugurado por la administración anterior que nunca funcionó, y que sería muy bien recibido por la comunidad su puesta en marcha y, así la alcaldía actual estaría cumpliendo con lo que la población pide.

En conclusión, hay que repensar el principio de que el desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento. Hay que educar al ciudadano y hacerlo más social y menos ignorante, y así lograr a través de la educación que los ciudadanos se respeten entre si y respeten las leyes. Así como los gobernantes dejen de ser prepotentes y creídos porque el pueblo es sabio y castiga a quienes les dan la espalda, no solventan las problemáticas de la ciudad y su gente para lo cual fueron colocados allí por votos, y no por los Dioses del Olimpo.
Redacción/La Piragua










