Observando el caudal de nuestro querido río Escalante, miro, vuelvo a mirar y observo que el río caudaloso donde se hacían regatas de lanchas y cayucos, ha muerto, lo mataron. En la época de muchos que nacimos en los años 40 y en adelante, disfrutamos y vivimos el río en carne propia, además, en la adolescencia solíamos ir en grupo de amigos hacia lo que era la hacienda Caricaguey, propiedad de los hermanos González, para zambullirnos en las ocres aguas del río en una zona conocida como “las playitas”. Ese río ha muerto.

En otras palabras, el río permaneció por años, enfermo y en coma producto de malas praxis al introducirse la mano humana en su cauce y, además, de una enfermedad mortal llamada corrupción. De nada sirvieron las inyecciones “intravenosas” de dinero para operaciones de recuperación de su andar, para recuperar el río se recibieron inyecciones en forma de dinero por muchas veces. Se construyeron vallas como récipes, en las que se especificaba con cifras muy altas de dinero para su recuperación. El dinero inyectado con la finalidad de que la sangre ocre fluyera por la vena de su cauce natural, se desvaneció como éter en las manos de las personalidades que lo recibieron.

Creo que no hay más nada que hacer, perdimos el río para siempre. Sólo nos quedaron los recuerdos de cuando pasábamos por el puente de hierro y veíamos en las dos orillas, a las personas que permanecían casi todo el día pescando con guarales para llevar los peces, que lograban atrapar, a sus casas para el sustento diario, o para comercializarlos andando por las calles de las ciudades gemelas, San Carlos y Santa Bárbara.
También recuerdo, que el sitio que preferían los pescadores para echar al río sus líneas de guarales, era la piedra del fondo de la fábrica Indulac, pues allí, en ese cauce los peces esperaban alimentarse de los residuos que desechaba la fábrica hacia el caudal natural del río.

Es así, del río sólo nos queda el recuerdo del negro Juan, de los adolescentes que se lanzaban a sus brazos para pasar nadando hacia la orilla de enfrente, de las voces de auxilio cuando alguien observaba que alguna persona se ahogaba y era tragado por sus aguas, del ir y venir de las piraguas con los dos objetivos de trasladar personas hasta el puerto de Maracaibo y para comercializar de un puerto a otro, y por último, de las regatas de lanchas que permitían un día de diversión a niños, jóvenes y adultos.
En tal sentido, alguien, algunos o todos somos culpables y cómplices del “asesinato” del río Escalante. Unos por ser las manos ejecutoras, otros las mentes perversas para planificar “la muerte” y otros que aunque conociendo el acto, no denunciaron ante las autoridades competentes, a su debido tiempo, para hacer pagar a los involucrados. De esta manera, todos formamos parte de una sociedad de cómplices ante tal atrocidad, la muerte del río Escalante.
Muchas medidas deberían tomarse, si es que aún el río puede sobrevivir y ser despertado del coma desesperado en el que navega. No sé si será posible, no soy experto en eso, pero para recuperar el río y su biodiversidad debe haber personas expertas que ayuden a tal fin. Los programas de recuperación de bosques, seguidos de proyectos para reintroducir la fauna nativa, en particular la acuática, debería ser la prioridad. Un esfuerzo intensivo para implementar los proyectos de recuperación cierta del río, también es necesario.
En consecuencia, seguimos observando cómo crecen árboles y arbustos en lo que era su cauce, la fauna acuática ha desaparecido, solo se ve un verdor en vez del vital líquido, de su ferocidad y sus aguas ocres, solo queda el recuerdo.
RGM
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Durante los gobiernos conjuntos de Arias Cárdenas y Maria Malpica ese río se saneo en un 90%, según lo dijo y quedó registrado en prensa el entonces gobernador Arias Cárdenas, en un reportaje periodístico…. y entonces…. nadie desmintió eso.. y las dragas chinas …. según, ellos es en estos momentos un río navegable … Eso se llama recuperación ambiental socialista de siglo XXI
«Cuántas veces sentado en tus riberas…
contemplaba tus ligeras
Aguas correr.
Hoy tal vez pecho mio,
renuente de esperar lo que ha esperado
como tú abandonado,
sin piraguas surcarte manso río»
Se Lo escuché a Bernardo Villasmil y así lo comparto.