Por allá, a finales de los años 50, en San Carlos de Zulia se escuchaba la leyenda de la aparición del «embozao». Supuestamente, era una aparición que hacia su presencia entre las calles Semprúm y Libertad. Se divisaba como una especie de fantasma, envuelto en una túnica blanca y que inspiraba miedo a los transeúntes que lo observaban a lo lejos y luego desaparecía o se desvanecía en la oscuridad. Todo esto ocurría al comienzo de la madrugada.
Los que andaban en compañía de Sileno, y que vivían por esos predios, se persignaban infinidad de veces en el tiempo que les tocaba cruzar las mencionadas calles, pues algunos de los que andaban en compañía de ese Dios de la mitología griega, tenía que dirigirse a la zona sur de las mismas a la vez que les tocaba caminar todas esas largas calles hasta llegar a lo que es ahora la calle Cohen.
Sin embargo, a los hombres que les agradaba andar con Sileno hasta altas horas de la noche y se dedicaban parte de ella a visitar mabiles, regresaban con la piel erizada cuando les tocaba cruzar las calles que estaban marcadas por la aparición del embozado. Algunos, corrían con la suerte de no topárselo y otros lo veían a lo lejos y en instantes desaparecer.
Un día Chuito, al que le gustaba andar en esos traspiés de la Dolce Vita, y que vivía por los lados del hoy Colegio Santa Cruz, su mujer le gritó al sentirlo salir una noche en la que decidió tomarse los tragos que le correspondían luego de una ardua labor en los cañaverales de la Curva del Colón…¡Chuitooo, no lleguéis tarde mirá que está saliendo mucho el embozao!, Chuito haciendo caso omiso, no le contestó el consejo a su mujer y salió como alma que lleva el diablo hacia los mabiles.
Al final de la noche y comienzo de la madrugada, Chuíto regresaba maltrecho por el aguardiente ingerido, divisó a lo lejos una figura con túnica blanca y pensó: “¡Verga, el embozao!”… Se apresuró valientemente tratando de llegarle cerca a la figura fantasmal, casi trotaba, le dio alcance y olfateó un delicado aroma que despedía aquel ser.
Inmediatamente, al estar cerca de la figura trato de agarrarla y lo logró. Le haló la túnica y descubrió una hermosa mujer debajo de aquella limpia y perfumada sábana. Chuíto se sorprendió al ver a la mujer recién aseada y perfumada… Señora!… le dijo, pues él la conocía. La señora le contestó: “Chuíto, no digas nada. Por favor no digas que me viste. Yo soy el embozado. Salgo después que mi marido duerme para estar en brazos del hombre que de verdad amo. ¡Sueltame, por favor!”.
Inmediatamente, Chuíto soltó a aquella hermosa mujer, a la que había perseguido y, que luego desapareció en la bruma de la fría madrugada de aquel día que sería un inolvidable recuerdo del que jamás habló.
De esta manera, Chuíto descubrió la verdadera historia del embozado de San Carlos. La referida señora a la que Chuíto descubrió era harta conocida en el pueblo pues su esposo era figura pública.
Chuíto murió llevándose a la tumba tan preciado secreto, cumpliendo la promesa que le hizo a la señora que salía en las madrugadas a entregarse a su verdadero amor.
Y ustedes se preguntarán: ¿y por qué estaba casada con alguien a quién no amaba?… la repuesta es: “eso pertenece a otra historia de mi pueblo”.
RGM
Nota: Según el DRAE, embozar es cubrir el rostro por la parte inferior hasta las narices o los ojos.











Felicitaciones!!
Gracias Alberto. Estamos tratando de recuperar nuestra cultura. Un abrazo
Felicitaciones amigo, sigue divulgando nuestra historia, eso es parte de nuestro gentilicio
Un abrazo primo. Gracias