Los Comerciantes Langosteros

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Desde poco antes de 1880 se despertó en esta zona una verdadera plaga de comerciantes ambulantes, quienes navegaban en canoas, a los cuales se les dio el nombre de «langosteros». Todo aquel que no quería ser jornalero paraba en langostero. Algunos elegían el oficio para matar el tedio. Pero ordinariamente eran hombres sin aspiraciones que buscaban ganarse la vida sin trabajar mucho.

Prestado, alquilado, comprado o fiado, se ponían en un cayuco de 4 a 5 varas, y armados de un canalete, de un toldo y de una hamaca que supliera su falta, comenzaban la navegación. En estos mercados flotantes los hombres purgaban sus penas. Como los habitantes eran escasos, y pocas las casas de comercio, casi todo el suministro al menudeo se hacía en esta forma.

El surtido de una langosta era ordinariamente el siguiente:

  • 1 cuenta de pan.
  • 100 tabacos.
  • 1 docena de cajas de fósforo de azufre con 100 palitos cada caja.
  • 1 a 2 libras de tabaco de mascar.
  • Añil en bolitas.
  • 1/2 arroba de papelón.

• Pólvora, plomo y fulminantes.

  • 1 arroba de sal.
  • 5 botellas de ron que generalmente consumía el propio comercian­te.
  • Cacao molido.

En cierta ocasión dos personas se asociaron para poner una langosta.Consiguieron un cayuco y pidieron fiada una carga de ron. Se equiparon con botellas, embudo y cacho para trasegar el líquido. Teniendo por capital una locha, emprendieron el recorrido. Remontaron el río de abajo a arriba y viceversa. Al llegar al puerto de partida se presentaron a rendir cuentas a quien les había fiado el ron. Le entregaron los envases vacíos y el capital que traían que era una locha. Durante el viaje cuando uno

de ellos tenía ganas de tomar, le compraba al otro un palo de ron y le entregaba la locha. Luego el otro hacía lo mismo, y en esta forma termina­ron con las existencias.

El señor Ramón González, de Santa Cruz del Zulia, fue uno de los primeros langosteros. Empezó con mucha bulla comprando un poquito de cada cosa y terminó al cabo de los años en la miseria.

Lo mismo le sucedió al señor Abelardo Basabe de Santa Bárbara.

Uno de los pocos langosteros que logró hacer fortuna fue el señor José María Ortigoza. Era un hombre muy metódico a quien todas sus empresas le dieron buenos resultados. Navegó durante muchos años. En 1889, después de la llegada de la Compañía Francesa, se puso a comerciar en tierra y dejó la canoa al cuidado de otra persona, pero como éste le entregó malas cuentas, resolvió venderla. El se fue a trabajar en la línea del ferroca­rril.

De todo el dinero que invirtió la Compañía en el Distrito, el único que llegó a aprovecharlo fue Ortigoza. Sus contemporáneos lo llamaban miserable porque no malgastaba el producto de su trabajo. Los demás derrochaban el dinero sin mirar al porvenir. Algunos lograron hacer un capital, pero lo malgastaron y terminaron por arruinarse. Muchos de ellos volvieron a ser jornaleros o murieron en la indigencia. Ortigoza terminó su vida asesinado en la parte arriba del río, mientras regresaba a su casa en una canoa después de recorrer una de sus haciendas.

Otros langosteros fueron: Manuel Mora de río abajo, Luis Bermúdez y Eusebio Bermúdez. Este era navegante en una piragua y dejó este oficio para poner una bodega, la cual le duró poco tiempo. Entonces se dedicó a ser langostero.

José María Virla tenía una canoa de ceiba con tarimones llamada «La Mascota». Viajaba de la Lagunita a El Remolino de El Carbón. Con el tiempo esta canoa se hizo inservible hasta el punto de no admitir remien­dos. Compró entonces otra de las mismas dimensiones a la que dio el nombre de «Ceibita».

Venancio González, quien habitaba en la calle La Difunta de San Carlos del Zulia, fue langostero en un cayuco durante muchos años. Lucas Villalobos, de Santa Cruz del Zulia, fue algún tiempo langostero. También

lo fueron Lisímaco Puertas y Manuel Sánchez, nativo de La Cañada, quien tenía una lanchita.

La carpintería y ebanistería eran oficios que en aquella época no tenían demanda alguna. Por eso Octavio Sánchez, quien era del oficio y trabajaba muy bien, se vio obligado a ser langostero. Construyó él mismo una lancha muy manuable y navegó muchos años en compañía de un muchacho llamado Bernardino Alcántara.

Tomado del Libro Biografía del distrito Colón de Alberto Jesús Güerere.


4 COMENTARIOS

  1. Nuestra historia donde el río escalante siempre es protagonista importante. Prefiero una crecida del río que verlo agonizar. Amen.

    • De acuerdo contigo Angel. Saludos y gracias por ser siempre lector de nuestra revista, además, te invito a que escribas algo, alguna anecdota, un cuento de esta tierra bendita de la que alguna gente no aprovecha las bendiciones de Dios que ha emitido siempre hacia nuestra región, malgastando sus objetivos solo a la destrucción. Digo malgastando porque de ese odio que siembran, lo recogerán las generaciones suyas que dejen aqui.

  2. Sencillameante sublime, felicitaciones por tan loable trabajo de realzar las historias que nos definen como hijos de ésta tierra de gracias.
    muchas felicitaciones por la iniciativa de visibilizar lo que somos, gente de agua.

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