Hacia principios de la década de los años setenta, en una de esas crecidas duras del río Escalante; ese río que dividía las ciudades de San Carlos y Santa Bárbara del Zulia, ahora es un pajonal que no divide a nada. Les voy a contar la historia de Agapito Rincón. Joven nacido y criado en las riveras del referido río; su residencia estaba ubicada en las invasiones del barrio Sierra Maestra, en la población de Santa Bárbara del Zulia, su abuela vivía en la avenida 1, antes calle Libertad, y Agapito era muy “pegado” con su abuela.
En una de las tantas inundaciones ocurridas en el pueblo, uno de esos días, Agapito pensaba dirigirse a visitar a su abuela, su madre Ronilda Salazar, le increpó a que no se dirigiera a casa de su abuela puesto que ella conocía los peligros que el río proporcionaba.
Haciendo caso omiso a los consejos de su madre, se dirigió al «otro lado», así lo llamaban, estuvieses del lado de San Carlos o de Santa Bárbara. Agapito en su andar rápido para llegar a casa de su abuela, fue interceptado en pleno puente viejo por la Guardia Nacional. Los piquetes de la Guardia se apostaban en la orilla del río, por ambos lados, es decir, en la orilla de San Carlos y en la orilla de Santa Bárbara para reclutar gente y así obligarlos a llenar sacos de fique con barro para colocarlos en ambas orillas para evitar que el río se desbordara. A los asomados se les detenía y su pase a la libertad era el llenar al menos dos sacos con barro y al cumplir con el pago de ese peaje se les ponía en libertad.
Agapito, adolescente, fue detenido y lamentó no poder encontrarse con su “patota”, la que así se le denominaba, en aquellos años, a los grupos selectos de amigos, el grupo o compañeros del andar en el desarrollo de la adolescencia.
La diversión en temporada de inundación era acercarse al puente de hierro y observar lo que allí ocurría. Los mirones se apostaban en los alrededores del Bar Meta en San Carlos y en la parte de Santa Bárbara en la esquina del Chorrito.
Luego de ser detenido, Agapito procedió a llenar su cuota de sacos de barro, para el que una persona abría el saco y otra con una pala procedía a llenarlo. Agapito hizo el trabajo fuerte, es decir, el de llenarlo.
Luego de concluir el llenado de los sacos, procedió a entregárselos a la persona que los colocaba uno sobre otro para formar una especie de muro de contención. Al hacerlo, resbaló entre el barro y cayó al río desapareciendo en su caudal.
La familia de Agapito se enteró del terrible accidente ocurrido y se dirigieron a las orillas del rió, donde personas en lanchas y cayucos se dedicaban a ver si encontraban con vida al joven. Transcurrido el día Agapito no aparecía por ningún lado y los familiares buscaron a “El Negro Juan”. Como ustedes bien saben, Juan era la persona que se dedicaba a buscar los cadáveres que el río se llevaba.
El cadáver de Agapito fue encontrado por Juan en las inmediaciones del caserío La Culebra, en el sector Rió Abajo, se entregó a sus familiares y se procedió a darle cristiana sepultura.
Una joven vida truncada quizá por el destino.
… Dicen que en las noches en el Caserío La Culebra, se oyen gritos … «Agapitoooo, … Agapitoooo», los pobladores comentan que es la madre llamando a su hijo.
Moraleja: “Mientras están vivos, nuestros padres son la frontera entre nosotros y la muerte. Cuando mueren, pasamos al primer puesto de la fila”.
RGM
La Piragua Revista Digital del Sur de Lago
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Que mejor Historia que la de nuestro pueblo, felicito al administrador del portal web de http://www.lapiragua.com.ve, una revista informativa de calidad para la zona Sur del Lago. Una excelente iniciativa para nuestra región.
En eso andamos con este emprendimiento. Gracias por tus palabras.